16 de Marzo

Escrito por crispy 16-03-2008 en General. Comentarios (0)

Grandes saludos a todos en este Domingo de Ramos! Comienza la Semana Santa y recordamos la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén. El evangelio de hoy es el relato de la Pasión de Nuestro Señor (un poquito largo verdad?) en esta ocasión según San Mateo. Son muchas las cosas que se podrían destacar en él, para llevarlas a la meditación y sobre todo a la práctica, pero no puedo ponerlo todo, haré alusiones a algunas partes del evangelio, pero sobre todo debemos fijarnos en contemplar al que vemos colgado en la cruz, al “traspasado”:

 

“Al acercarse a Betfagé y a Betania, junto al monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos diciéndoles: Vayan al caserío que está fuera frente a ustedes, al entrar, encontrarán atado a un burrito que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo aquí. Si alguien les pregunta por qué lo desatan, díganle: el Señor lo necesita. Fueron y encontraron todo como el Señor les había dicho”

Y la leer esto una y otra vez siempre se me pasa lo mismo por la cabeza, que pobre cabalgadura elige Nuestro Señor; quizás nosotros, engreídos, habríamos escogido un gran caballo, un pura sangre. Pero Jesús no se guía por razones meramente humanas, sino por criterios divinos. “Esto sucedió –escribe San Mateo – para que se cumplieran las palabras del profeta: "Díganle a la hija de Sión: he aquí que tu rey viene a ti, apacible y montado en un burro, en un burrito, hijo de animal de yugo"».

Jesucristo, que es Dios, se contenta con un borriquito por trono. Nosotros, que no somos nada, nos mostramos a menudo vanidosos y soberbios: buscamos sobresalir, llamar la atención; tratamos de que los demás nos admiren y alaben. ¿Cuántas cosas debemos de aprender de nuestro gran maestro no?

Jesús entra en Jerusalén sobre un borrico. Hay cientos de animales más hermosos, más hábiles y más crueles. Pero Cristo se fijó en él, para presentarse como rey ante el pueblo que lo aclamaba. Porque Jesús no sabe qué hacer con la astucia calculadora, con la crueldad de corazones fríos, con la hermosura vistosa pero hueca. Nuestro Señor estima la alegría de un corazón mozo, el paso sencillo, la voz sin falsete, los ojos limpios, el oído atento a su palabra de cariño. Así reina en el alma.

Seamos humildes, sin apropiarnos méritos que no son nuestros.

Comentando esta escena evangélica, Juan Pablo II recuerda que Jesús no entendió su existencia terrena como búsqueda del poder, como afán de éxito y de hacer carrera, o como voluntad de dominio sobre los demás. Al contrario, renunció a los privilegios de su igualdad con Dios, asumió la condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres, y obedeció al proyecto del Padre hasta la muerte en la Cruz ( Homilía, 8-IV-2001).

 

Muchas gracias.